De Diseñadora a Analista

Hace 9 años que soy diseñadora gráfica.

Como todos, empecé trabajando en agencias de publicidad y estudios de diseño por dos mangos con cincuenta, quedándome hasta las 3 de la mañana y pasándola muy mal. No había muchas opciones en ese momento, todas las agencias y estudios trabajaban de la misma manera.

Cansada del maltrato busqué otro tipo de trabajo, así que me postulé para diseñadora gráfica senior en una empresa internacional y después de varias entrevistas, entré: estaba fascinada. Trabajaba con marcas de personal care, teníamos comedor y salía a las 5 de la tarde – Sin dudas fue mi mejor experiencia laboral hasta ese momento. En ese lugar además de diseñar, aprendí todo lo que tiene que ver con producción gráfica: armado originales, soportes, opp, pantones, planchas, pies de máquinas, flexografía, off set, serigrafía, packaging, envasado, construcción, todo.

Había pasado un año y medio de mi estadía en la empresa, y en una de esas mañanas, cayó un mail donde nos avisaban que la compañía había sido adquirida por una multinacional de consumo masivo y que íbamos a entrar en un proceso de fusión.
Algunos se pusieron a buscar otro trabajo, otros querían irse, otros esperaban pasar y otros se querían quedar, pero por un tiempo nadie supo cuál.
Por mi parte, no quería ir a trabajar a Vicente López, viviendo en Palermo y dando clases en San Telmo, pero sí sabía dos cosas: que iba a seguir trabajando de docente y que iba a salir adelante de cualquier forma.

Pasado un año de este proceso de fusión, ya casi terminando, me confirman que se había abierto un puesto que daba con mi perfil dentro de la multinacional. Me contaron la propuesta y me hicieron las entrevistas correspondientes – En principio era mejor a los destinos que yo me había figurado.

Empecé a finales de octubre de 2012 a trabajar en la multinacional entre charter, pc, capacitaciones y reuniones como Category Planner para el equipo de Ventas.
En este puesto me ocupaba gestionar el material para punto de venta o POP, desde su diseño en proveedores y agencias, manejando el presupuesto de las categorías que me habían sido asignadas, controlando la producción, calidad y distribución de todos los materiales de todas las marcas. Estaba el 95% del tiempo del trabajo con un excel y un teléfono.
Tenía que quedarme hasta la medianoche tratando de entender una planilla, de racionalizar números y capacitaciones fantasía.

Al principio, como recién arrancaba, era todo sobre aprender cosas nuevas, conocer gente y tratar de hacer bien mi trabajo. No pensaba tanto en diseñar, había quedado en segundo plano. Además el ritmo de trabajo era de terror: empecé a laburar los fines de semana, a llegar tarde a casa, a no poder estar con mi marido y a no poder hacer otra cosa a la tarde, porque no había forma de llegar a capital antes de las 7.
Después de medio año de tanto correr, empecé a frustrarme: yo no había estudiado administración de empresas y nunca había usado el excel en mi vida.

Tímidamente empecé a hablar con mis compañeros de esto que sentía: algunos me entendían, otros no. Algunos me querían hacer sentir mejor y me pasaban diseños para que haga mientras estaba ahí, pero la verdad que fue peor porque también tenía que hacer toda mi agenda de trabajo, más estás ‘changas motivaciones’. En realidad no aguantaba ver pasar por al lado miles de diseños: mal hechos, bien hechos, entregados tarde, entregados mal…Yo sentía que era como agua que se me escapaba de las manos. Me empecé a deprimir y a extrañar diseñar.

Un día me puse en campaña: hablé con mi jefa, con el gerente y con recursos humanos para que me dejaran ser la diseñadora del sector donde yo trabajaba:
+ Intenté que me den un puesto de diseñadora in-house, y me dijeron que no se podía crear ese puesto porque no existía a nivel global y que si lo hacían, sería para 2015 (en ese momento era 2013).
+ Intenté hacer part- time planificadora y part-time diseñadora, quedándome en el puesto de planificadora para evitar este tema del puesto nuevo.
+ Intenté renunciar y que me contrataran como proveedora.

Lo ‘levantaron’, lo evaluaron y decidieron: todas las repuestas fueron NO.
A todo esto, ya había pasado un año desde mi primer reclamo y seis meses desde que me había puesto intensa.

Estaba agotada: no me dejaban diseñar ni me gustaba planificar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *