Sin Oficina

Trabajar de manera remota es un sueño hecho realidad: no necesitás despertador, te levantás a demanda, a veces temprano, a veces tarde. No tenés que tomar un bondi, no tenés que salir al frio ni a la lluvia y desayunás y almorzás en la comodidad de tu casa. Al mediodía te das una vuelta con la perra y si hay poco trabajo, dormís una siesta y a las 6 ya estás en la clase de yoga.

La verdad que el poder organizarte el día de la manera que más te gusta y conviene, es la mejor virtud de este estilo de trabajo. Disponer de tu tiempo es impagable.

Ahora vamos con los contras: el hecho de trabajar solo significa que no hablás con nadie, sos el único que puede resolver los problemas, no tenés a quién consultarle – dudás todo el tiempo. Empezás a hablar solo, con los mails o con tu mascota.

Si tenés que correr, corres solo: no te alcanzan las manos para diseñar más rápido y adiviná si hay que reclamar un pago o hacer una ddjj (declaración jurada) quién lo tiene que hacer? – Vos, por supuesto.

Cuando tenés pendientes en la agenda de trabajo a diario, es fácil olvidarse del paso del tiempo, el día vuela y estás tranquilo pero cuidado con pasarte de rosca y laburar más de tu horario porque la gente sí duerme y al otro día tenés que seguir laburando.

Diferente son los días en los que no hay casi trabajo: es una tortura. Das al Enviar y Recibir cada 3 segundos, mirás el teléfono esperando que suene. Llegan las 4 de la tarde y no hay mails pero tampoco te podés tomar la tarde libre porque todavía puede caer algo!. Tenés todo el tiempo del mundo pero no te podés alejar mucho porque donde cae laburo tenés que responder como si nunca te hubieses movido de la compu.

Lo peor son esos días en donde no trabajaste: pensás que ya no vas trabajas más, que nadie más te va a pedir algo, que no vas a poder pagar el alquiler, empezás a llorar y te acurrucas en el sillón.

Existen veces que el horario no te respeta, terminás trabajando hasta la madrugada, a veces porque sos tu propio empleado, a veces porque necesitás adelantar para el otro día poder hacer tus cosas.

Manejar la libertad es un arte que hay que aprender a dominar.

Primero pasas por el momento YOLO (you only live once) y hacés todo eso que no hiciste en tus últimos 2 años en tu trabajo de dependencia. Después vienen la histeria y el ataque de pánico: te tomaste mucho tiempo boludeando y se te juntó todo, te metiste en cosas que pensaste que ibas a poder resolver y en realidad no pudiste. Luego, por supuesto, viene la etapa de paz mental y organización que te da la experiencia de estos dos momentos: encontrás el punto medio.

Encontrás tu horario, tu modo de respuesta, tu modo de estar doblemente remoto y empezás a disfrutar de tu trabajo y a encontrarle la vuelta.

Te das cuenta que no es grave no contestar un mail a tiempo, que hablar con nadie te hace aprender a ser paciente,  estar desconectado de los problemas de los otros y preocuparte por los tuyos. Que muchos matarían por esa siesta del lunes a la tarde, que los días que no trabajás son tus vacaciones (a veces tenés vacaciones a cada rato).

Encontrar el punto medio quizás lleve un tiempo pero no desesperes, que como todo, llega.


ALGUNAS CONCLUSIONES

– No hablar con nadie: pensá en la una oficina on-line en donde chateás con tus amigos todo el día pensando que están en una especie de oficina remota, trabajando cada uno en lo suyo pero todos en el mismo lugar (internet).

–  Tomar decisiones: tarde o temprano empezás a confiar en tu criterio. Pensá que fue eso mismo lo que te llevó al momento en donde estás ahora – y es bueno!.

– Horario: planteate un horario de oficina en donde puedas trabajar para tener tiempo fuera de él para hacer tus actividades o dormir como cualquier ciudadano. Si bien en esta modalidad no necesitás el permiso de nadie, tratá de mantener el horario 9 to 5 para no desbordarte. Pensá que si trabajás de noche, el resto de la gente duerme, con lo que al otro día te van a demandar la misma rutina de trabajo y si vos no dormiste, no vas a dormir hasta el día siguiente.

– Los días que no tenés trabajo: actualizá tu portfolio, buscá nuevos clientes, hacé las tareas administrativas, reclamá pagos, hacé el balance del mes, o simplemente descansá, aunque al principio parezca difícil.

– Trabajar los fin de semana: nadie se muere. Si es necesario adelantá el finde que luego en la semana te podés tomar los días que quieras – Lo importante es cumplir con tu agenda, no te olvides que sos el único que trabaja.

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