Renunciar a la dependencia

Como yo ya estaba agotada de mi trabajo, ansiosa y deprimida, cualquier cosa me ponía mal: me mandaban un mail, lloraba; me felicitaban, lloraba; no podía dormir y lloraba.

Hubo un día del que no me voy a olvidar, lo recuerdo y se me llenan los ojos de lágrimas: llegué a casa tarde y de noche, mi marido estaba en el sillón y yo entré agotada, di un portazo, dejé la mochila en la mesa, me senté en el piso y me largué a llorar – No podía parar, había entrado en otro ataque de ansiedad. Él trataba de calmarme, de decirme que las cosas iban a estar bien, que teníamos que enfocarnos en nuestros proyectos y que el mal momento iba a pasar.

El viernes de esa misma semana pero en la oficina, me llegaron algunos mails de esos mala onda que ponían mal, no me pude contener y me largué a llorar. No entendía como alguien podía referirse a mi de esa manera. Para mi, primero somos personas y luego somos empleados. Me metí en el baño que estaba cerca y me quedé ahí llorando por una hora. Me habían visto mis compañeros y otros colegas del sector – Los viernes los jefes no estaban.

Una vez que me calmé, llamé a mi marido y le dije que no aguantaba más y que iba a renunciar. Él me dijo que agarrara mis cosas y me fuera a casa. Le avisé a mi compañera que me iba temprano y que no sabía si iba a volver el lunes.

Otra vez la misma escena: llegué, tiré la mochila, me tiré al piso, me largué a llorar y él tratandome de ayudar.

Mi marido se molestó un poco conmigo porque no entendía como yo me podía poner así por un mail o por unos boludos del trabajo, pero pienso que en el fondo también, sabía que no podíamos seguir viviendo así.

Fue en ese momento, cuando lo dije en voz alta, que sentí paz:

– Voy a renunciar –. Esa noche, dormí.

El fin de semana le conté a mi familia que iba a renunciar el martes y si mi marido, que me veía llorar en el piso no me entendía, mi familia, mucho menos. Aún así el lunes no fui a trabajar porque me sentía muy mal, y ese día me ocupé de averiguar algunos tecnicismos, por ejemplo: cuánto me salía mantener la obra social y las cuentas del banco.

El martes me levanté super contenta: me puse un blazer rosa, jeans gastados y mis borcegos con plataforma favoritos. Llegué temprano, acomodé mi escritorio y desayuné.

Ni bien llegó mi jefa, fuimos a hablar a una estación de servicio que estaba en la esquina y nos tomamos un café. Le dije que ya había decidido que iba a renunciar porque había intentado todo por estar bien ahí y lamentablemente no había podido. Ella me escuchó, me dio su feedback, me dijo que en realidad no veía que yo tenga limitaciones y que hacía bien mi trabajo. Me preguntó si lo quería pensar de nuevo, pero no: yo ya estaba decidida. Ella por supuesto tampoco me entendió, mucho menos sabiendo que renunciaba sin tener otro trabajo en vista.

De ahí nos fuimos a la oficina de recursos humanos a hacerlo oficial. Les dije que me podía quedar hasta fin de mes o hasta que encontraran a alguien que me reemplazara.

Me acuerdo de dos conclusiones que sacamos ese día: la primera, que lo mío fue y cito: ‘un combo nefasto’, que era el primer caso en la compañía en donde alguien renunciaba por un tema ‘vocacional’, y la segunda: ‘que esta multinacional me iba a abrir muchas puertas’.

Luego de esa charla, volví a mi sector y lo compartí con mis compañeros. Se me quebró la voz pero les conté todo lo que me pasaba y si bien sentí que me apoyaron, no sé si me entendieron, todos pensaban que solamente era cuestión de ponerse a trabajar. (Vale aclarar que todos mis compañeros estaban trabajando en la compañía hace más de 10 años – No sé si alguna vez habían se habían puesto a pesar en algo como lo que yo estaba planteando).

Después de eso me sentí feliz. En total, me quedaron dos semanas de oficina y pienso que fueron las que más disfruté de ese trabajo.

Al final recibí comentarios de todo tipo, por suepuesto me quedé con los que más me gustaron. Me acuerdo de algunos que me dijeron que valoraban mi coraje para cuestionarme, patear el tablero y empezar de cero. Otros me dijeron que estaban grandes para pensar qué les gustaba hacer o no y simplemente, transcurrieron. Otros me explicaban porqué ellos no podían hacer lo que yo había hecho aunque yo no les había preguntado.

Renuncié porque entendí que ese trabajo no era para mi. Renuncié porque elegí mi carrera y mi pasión, elegí estar bien conmigo y con mi amor. Elegí estar presente para quienes me quieren. Elegí ser feliz y me elegí a mi por encima de todo.

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