Vivir sin futuro

Para mayo teníamos planeadas nuestras vacaciones pero como yo había renunciado en marzo, en abril no iba a poder hacer mucho: no podía entrar en ningún trabajo y además tenía que rendir un examen de inglés.

Fue así que durante abril hice prácticamente nada: repasaba algunas cosas de inglés, pensaba en cosas al azar y dormía bastante porque estaba cansada por demás. Habíamos decidido que íbamos a disfrutar las vacaciones y no preocuparnos por la plata.

Cumplí 30 y llegaron los resultados del examen de inglés – Nuestros planes se habían atrasado. Estabamos en cero nuevamente y yo, sin trabajo.

A pesar de todo, el viaje me hizo bien para pensar y para tomar fuerza. En ese momento sentía que no servía para nada, que no era ni una cosa ni la otra, ni una diseñadora ni una analista. Sinceramente cuando renuncié no tenía definido qué iba a hacer y tampoco había buscado trabajo. Lo único que sabía era que no quería volver a las agencias ni a las empresas, porque para mi, ya era hora de ser independiente.

Cuando volvimos a Buenos Aires decidí hacerme el Monotributo en ese mismo mayo (A mi mayo me significa muchas cosas, porque además de ser el mes de cumpleaños, me marca el calendario: el paso de un año).

Hacía dos meses que no tenía trabajo pero la gente me empezó ayudar de una manera que siempre estaré agradecida. Todos aquellos con los que yo trabajé, me dieron una mano. Todos me buscaban trabajo y si no lo encontraban, me pedían un logo, un flyer o un abrazo.

Desde que me hice el Monotibuto hasta que realmente facturé, pasaron 6 meses, pero cada vez que recuerdo esta época se me llenan los pulmones de aire y el corazón de sangre. Fue lejos, la mejor época de mi vida.

Viví en incertidumbre, pero al lado de quién me importaba. Sentía que tenía todo y que no tenía nada. Aprendí a conocerme, a escucharme, a andar descalza. Me conecté con las cosas que realmente me importaban. Me dí cuenta que la plata no valía nada y que en el peor de los casos, se solucionaba. Me desvelaba por las noches y miraba la calma. No tenía planes, no sabía que iba a hacer al otro día. Empece a prestar atención a todo, no quería perderme nada. Aprendí a vivir con ganas.


ALGUNAS CONCLUSIONES

  • Durante los 8 meses que estuve sin trabajo: actualicé mi cv, portfolio y LinkedIn. Me inscribí en el Monotributo (a pesar de que no tenía clientes), contacté gente para avisarle que estaba trabajando independiente (freelance) y busqué trabajo. Todo esto lleva tiempo y pienso que es la mejor forma de ocupar el lucro cesante.
  • Lo único que tenía en ese momento eran las clases en la Escuela de Arte, así que agregué horas y días y me ofrecí a dar clases en las casas.
  • En cuanto a la economía del hogar: pusimos prioridades y recortamos gastos. Lo que se podía financiar, se financiaba. Nos ocupábamos de pagar siempre el alquiler. Si nos faltaba, pedíamos plata prestada o lo sacabamos con la tarjeta de crédito.
  • La verdad es que si un mes debés o no pagás algo: NO PASA NADA.
  • Me ocupé de estar ocupada

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