Zona de confort y cambio de paradigma

Sin laburo y sin vistas de uno nuevo, tuve que trabajar mucho para reforzar mi autoestima y no caer en la depresión – El miedo es un gran enemigo.

El trabajo en relación de dependencia me había provisto por muchos años, de una ilusión de seguridad y de ingresos mensuales fijos y era difícil competir contra eso. Así que lo primero fue validar que yo no había renunciado por esas dos cuestiones: había renunciado simplemente porque no estaba haciendo lo que quería hacer, que si hubiese sido por eso, me hubiera quedado en el trabajo donde estaba.

Pasé por un proceso de reestructuración mental: así como había decidido que ese trabajo no era para mi, empecé a cuestionar basicamente todo lo que había a mi alrededor. Empecé a hacer limpieza de aspectos, de objetos y de gente con la que ya no me sentía identificada.

Era tentadora la idea de darme por vencida y querer volver de rodillas a mi anterior trabajo, así que necesitaba encontrar gente que pensara como yo, que me entendiera. Necesitaba reforzar día a día la decisión que había tomado. Necesitaba escuchar que a alguien más le había pasado.

Recordé que una amiga había renunciado, también a una multinacional pero por cuestiones de maltrato. Ahorró plata por un tiempo y luego se fue. También me sirvió de ejemplo mi marido, que después de haber terminado una carrera de 8 años, se dío cuenta que no era lo que quería y se puso a estudiar cocina: empezó de nuevo a los 32 años. Y como para esa altura yo algo había investigado, sabía que lo que me pasaba era que había salido de la ‘zona de confort’. Así que además de estos dos casos, de a poco empecé a ver a toda esa gente que estaba parada de mi mismo lado. Parecía que me había iluminado: se podía.

Investigué: vi testimonios de gente que no trabajaba en una oficina, de gente que no había hecho una carrera, de gente que no cobraba un sueldo – Nadie se moría de hambre. Empecé a ver que estaba bien no querer trabajar 10 años en una empresa sólo por tener un sueldo.

Entendí que salí de un sistema (relación de dependencia) y entré a otro (autonomía). Empecé a reconocer las diferencias y lo racionalicé. Lo bajé y le perdí el miedo.

Este nuevo sistema me demandaba trabajar todo el día sin resultados, a no tener jefe, a no ganar plata, a no dormir bien, a trabajar 24 hs, a no tener fin de semana y a ponerle mucha garra. Pero no son todas cosas malas: también podía levantarme tarde o de madrugada, me armaba un fin de semana entre semana, no tenía que pedirle permiso a nadie, gané en salud, en bienestar y sobre todo en tiempo. No me perdí de ningún momento y empecé a estar donde quería estar.

Una vez que entendí que funcionaba, así, pero funcionaba, me tranquilicé y empecé a trabajar por ese sueño.


ALGUNAS CONCLUSIONES

  • La ‘vaca’ nunca está atada – Nadie tiene garantizado nada.
  • Se puede, sólo que cuesta trabajo.
  • Vos sos el único que va a poder cumplirte tus deseos.
  • Ponete metas y cumplilas. De a poco, paso a paso. Transcurrilas.
  • No le tengas miedo al fracaso. No pasa nada si algo nos sale mal.
  • No podés controlar todo lo que te va a pasar.
  • No le tengas miedo a la incertidumbre, también trae cosas buenas.
  • No se necesita tanta plata para vivir bien.
  • No hagas caso a lo que dice la gente: muchos no entienden por lo que estás pasando. La única voz que importa es la tuya.

ALGUNOS DATOS

Qué es la zona de confort?

https://www.youtube.com/watch?v=40mbsKBSWwY

Sergio Fernandez y el Nuevo paradigma laboral – Vivir sin jefe

https://www.youtube.com/watch?v=fkewn1at44k

‘The Internship’ (2013) – Recomendada para ver pasar a los protagonistas por algunas de estas reflexiones.

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