Volver como proveedora

Para poder ‘volver’ como proveedora a la empresa de la que había renunciado tenía que seguir un pequeño proceso que requería de dos simples cosas: una era pasar un período de desvinculación de la compañía de 6 meses, y la otra, que facturara a otros clientes. Además de, por supuesto, tener toda la documentación fiscal pertinente.

Parecía sencillo en el comienzo. Así que, como yo ya era monotributista y tenía otros clientes, sólo tenía que esperar esos meses para poder postularme como proveedora porque, además de que sabía que tenían la necesidad puntual en el sector donde yo trabajaba, también habían pedido mi trabajo para otros sectores y sinceramente esa era una idea que me ponía muy contenta.

Finalmente, luego de algunos mails, idas y vueltas y casi 9 meses después de haber renunciado, recibo un mail de Compras en el cual me invitaban a una reunión formal para evaluar concretamente la posibilidad de que diseñe para la compañía.

Llegué un lunes a la mañana con ropa nueva, algunos números en la cabeza y bastantes emociones. En la salita de reuniones estaban las chicas de Compras, el nuevo jefe del sector y mi ex compañera. Fue una reunión amena, no necesité presentación, no llevé currículum: me conocían, ya había trabajado con todos ellos.

Les comenté mi propuesta de valor, mis fortalezas y los clientes que tenía hasta ese momento pero ellos estaban interesados en los números así que hablamos de números. Esperaba que me cuenten también sobre la propuesta pero sólo me hablaron de las condiciones de pago que, sinceramente, no eran muy alentadoras.

Luego de la reunión me fui con mi ex compañera a mi ex sector y me quedé tomando un café con el equipo. Más tarde, pasé a saludar a algunos ex compañeros más y volví a mi casa en el charter.

Nostalgia fue la palabra que acompañó todo ese día: tenía ganas de volver, de esta otra forma, pero volver para trabajar finalmente de lo mio, de demostrarles lo buena que era en mi trabajo, que todo lo que ellos habían visto en su momento no era precisamente yo.

Después de esa reunión envié un presupuesto formal y un pequeño análisis estimado de porcentajes de facturación. Me habían comentado que debía tener en cuenta que la misma no superara el 25% de mi facturación anual ya que estábamos negociando un fee.

De ese mail no tuve respuesta. Volví a insistir unas semanas después, por las dudas, pero de nuevo nada. La idea de nostalgia se disipó rápidamente y recordé por qué había renunciado. La empresa seguía siendo la misma, fuera cual fuera el lugar donde quisiera estar. Era yo la que había cambiado.

Me desilucioné pero entendí que no tenía que esperar nada de nadie. Entendí que todas las oportunidades me las había ganado sola y que nadie más iba a venir a escribir mi historia.

Ya después de algunos meses dejé de esperar respuesta. Invertí energía en mis clientes, en los que estaban contentos con mi trabajo y en los que siempre me habían valorado.

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