De emprendedor a nómada digital (1era Parte)

En 2016, con mi marido teníamos el proyecto de irnos a vivir a Australia pero ese plan se frustró cuando nos pidieron un dineral de garantía: teníamos que tener en una cuenta el equivalente de dos años de estadía en Australia. Fue un momento muy triste para nosotros porque además nos enteramos al final del proceso – pero esta historia se merece otro capítulo. En ese plan, en enero de 2017, viajábamos a Australia.

Todo lo que habíamos hecho hasta ese momento estaba enfocado sólo a eso: habíamos invertido mucho tiempo en hacer trámites, rendir exámenes y pagar traducciones. Por supuesto, a nivel empresa, tuve que hacer otra tanda de trámites para poder dejar mi responsabilidad fiscal delegada ya que, donde sea que me encuentre, mi empresa tributa en Argentina.

En ese momento tuvimos que replantearnos todo de nuevo, y en mi caso, una vez más.

Empecé a cuestionar mi lugar otra vez. Había llegado el momento de hacer un cambio en mi carrera: sentía que estaba trabajando en un mismo lugar hace muchos años. – Necesitaba un cambio, un nuevo impulso, volver a encontrar nueva motivación.

Llegó un momento en el que no me consideré más emprendedora. Pensé que todas las cualidades que requería el ser emprendedor, habían quedado en esos primeros años. Consideraba que ya era una empleada más, de mi propia empresa, pero una empleada al fin.

A todo esto, teníamos una fecha límite para decidir cuáles iban a ser nuestros próximos pasos ya que en enero se nos vencía el contrato de alquiler y nos teníamos que ir del departamento.

Mi marido quería empezar de nuevo: alquilar otro departamento, seguir trabajando, tomarse unas vacaciones largas y seguir remandolá como siempre. Mi idea de empezar de nuevo era un poco más compleja: quería irme a vivir a otro lado, quería viajar, mirar otra ventana y hacer las cosas diferentes. Estaba lista para un desafío y volver a la “normalidad”, no era una opción.

Uno de los beneficios que iba a traer Australia era que yo iba a trabajar on-line con mi empresa como siempre, pero desde un destino paradisíaco. De esa idea, es de la que yo me enamoré y no pude ya, pensar en otra cosa.

Pasamos momentos muy difíciles así que decidimos relajarnos y tomarnos unas semanas sin tocar el tema, sin pensar. Queríamos que el tiempo borre un poco el dolor y la frustración que sentíamos.

Una noche, salimos a nuestro lugar de hamburguesas favorito, y entre cerveza y cerveza, empezamos a imaginar una nueva vida para los dos. No teníamos límite porque al final, no teníamos nada de lo que habíamos planeado. Lo único que teníamos era lo que habíamos ahorrado por unos años (porque siempre tuvimos la misma idea), así que imaginamos un viaje igual pero sin Australia.

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